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Las mujeres de mi vida… 

Las mujeres de mi vida son esas que me tocan, se me entrecruzan como un enjambre cada día que pasa.

Mis amigas, mis pacientes, maestras, amigas y hermanas, madres…

A veces se me mezclan un poco, algunas amigas se vuelven hermanas, alguna  hermana se me vuelve madre, alguna prima una desconocida… 

Mujeres que mutan, que pasan de ángel a demonio, de ameba a héroe…

Están lejos de la perfección y cerca del pecado capital, lejos de la malintención y cerca de la vulnerabilidad…

Pero de esa vulnerabilidad de los fuertes, como la flexibilidad del junco, como la palmera que crece en la playa tropical, capaz de soportar tormentas y tornados sin quebrarse.

Las mujeres que me circundan a veces flaquean y se rinden, por un ratito. Hasta que llega generalmente otra mujer, a veces familiar, o compañera de trabajo, o analista. Interactúan y algo surge, a veces via la palabra, via identificación, via un reto…

Ninguna de ellas es conejita de playboy, pero te aseguro que  varias de ellas llevan su propia sensualidad como la mejor prenda que le combina con los ojos…

Tampoco ninguna es la madre teresa de Calcuta, pero la bondad, ternura y solidaridad para con los otros, para con los niños propios y ajenos conforma ese motor del amor que nos sostiene  día a día.

Probablemente escuches por ahí que las mujeres cuando se juntan son peligrosas, malas, venenosas, que se sacan los ojos, que te quieren destruir, que no se puede trabajar entre mujeres y no sé cuantas cositas más. Puede que si… puede que no…

Pero lo que te puedo asegurar es que la mayoría las mujeres genera lazos entre ellas con fuertes identificaciones, hacen bloques por causa común; Se apoyan, buscan juntarse para comer, comprar, hablar hablar y hablar… las mujeres disfrutan mucho la compañía de otras mujeres.

“El sexo débil”  se les llama, será porque lloran? Les cuento que la mayoría de las mujeres llora en el consultorio, alguna o muchas veces. Las escucho contar historias maltrechas, complejas, a veces historias angustiosas con episodios decididamente tristes.  Las mujeres lloran.  Y luchan. Luchan para dignificarse, darse ese lugar que anhelan tener, para llegar a tener ese hijo tan deseado, para deshacerse de una pareja violenta, para educar a sus hijos felices por más que estos hijos la vean como una bruja maldita por no acceder a todo lo que quieren. Luchan por revertir sus errores, su propia lastima a sí mismas, sus mochilas con esos estúpidos mandatos morales, batallan para ganar ese lugar en su trabajo a fuerza de compromiso honesto y pujante, guerrean por dejar atrás fantasmas del pasado, relaciones tóxicas, muertes y duelos interminables. Vienen semana tras semana a enfrentarse con todos sus demonios, a sabiendas del momento álgido, de angustia y miedo. Pero vuelven. 

Hay que ser muy valiente para sostener un análisis. La mayoría de mis pacientes son mujeres. Y lloran.  

Valoro a cada una de estas mujeres que pasan por mi vida. Quizás alguna mas especialmente que otra, como mi madre por ejemplo, que influyó con esa esencia  amorosa, angelada, imperfecta; haciendo de mí gran parte de la mujer que hoy soy .

Algunas dejan más huella que otra, pero cada marca me transforma, a veces como las gotas de agua a la piedra.  A veces como la mano en la arcilla. Otras como la bomba atómica. 

Las quiero y admiro. Yo con ustedes. Todas crecemos.

                                    A las mujeres en su día. 

                                                                                   Lic. Jesica Valansi.

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El malestar en el trabajo

El malestar laboral es uno de los temas más recurrentes que se presentan en la consulta psicológica. 

La presión, el maltrato,  la injusticia cronificada,  entre otros.

generalmente es en nuestros trabajos en donde pasamos la mayor cantidad de horas al día, conviviendo con otras personas que no elegimos.  Éstas extensiones de tiempo generan un impacto psicológico aumentado. 

Por otro lado,  no es raro que surja el amor (y amantes)  amistades y otros vínculos afectuosos que se van gestando por el solo hecho de convivir tantas horas durante un tiempo.

Pero así como se generan lazos de afecto,  también surgen los hostiles: el enojo,  la manipulación,  el abuso de poder,  el desgaste psicológico… 

ya que somos humanos,  se hace bastante inevitable que se generen vínculos de todos los tipos,  pero muchos de éstos terminan afectando la performance laboral, a veces  a tal punto de abandonarlo.

Por lo tanto estos aspectos deben cuidarse, crear espacios propicios para canales comunicacionales, dinámicas grupales,  momentos de escucha… Éstos espacios  coordinados por psicólogo u otro profesional entrenado son muy importantes y se capitalizan en rendimiento tanto como las inversiones en capacitaciones técnicas. A veces más.

El capital humano es el capital más importante de tu empresa, y no es frase hecha.  Es la realidad. 
                                   Lic.  Jesica Valansi. 

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Debajo de la superficie también pasan cosas… 

A veces nos preocupamos demasiado por mostrar esa imagen que queremos que los otros vean de nosotros. Ese no es el problema,  el problema es conformarnos con esa cáscara. 

Después nos quejamos porque los otros no nos conocen en realidad, cuando ese mérito es, en gran parte, nuestro. 

Nos pasamos un largo trayecto de nuestra vida midiéndonos  con los otros: acomodando nuestra risa al volumen apropiado,  controlando nuestra espontaneidad por miedo a decir “pavadas” , a inhibir lo que vamos a decir o hacer por si “quedamos mal”, lo mismo con nuestros gestos,  gustos,  atuendos… Y ni hablar de lo que pensamos y sentimos. 

Nos acomodamos en esa esclavitud de no ser genuinos,  de no hacernos cargo de lo que somos,  de lo que sentimos y como pensamos; hipotecando esa libertad para algún futuro,  en el que nuestro coraje nos llegue por entrega inmediata a la puerta de nuestra casa. 

Es entendible.  Ancestralmente uno de los miedos más arcaicos de nuestra raza humana fue el miedo a no pertenecer,  al rechazo de la comunidad de pares.  Antropológicamente esta desventaja nos podría llevar a quedar fuera de la manada y hasta morir -en tiempos pretéritos,  claro está-  ya que esta información valiosa parece permanecer filogenéticamente (o sea,  a lo largo de nuestra historia evolutiva) continuando con esta amenaza de quedar afuera de “algo” y actuar en consecuencia,  aunque a veces no entendamos racionalmente desde donde viene esta tendencia de hacer masa.

Desde el punto de vista ontogenético (que respecta a nuestro desarrollo individual)  ésta tendencia a reprimir lo más propio también se ve reforzada,  ya que nos influye sobremanera la palabra de esos Otros significativos, esos otros que con discurso y acto nos moldearon como arcilla fresca,  como nuestros padres,  tutores, referentes,  amigos,  amores… El hecho de pensar que podríamos llegar a perder su amor y/o atención y mirada por defraudar sus expectativas hacia nuestra persona nos aterra (generalmente a nivel inconscientemente).

Y vamos por la vida sin pena ni gloria,  acomodados por propia voluntad a una matriz común que nos pone en serie con el resto de los mortales,  hasta que entramos en conflicto por alguna razón -muchas veces por el tránsito de una terapia o análisis – donde nos terminamos preguntando por qué hacemos esto,  qué pasaría si empezamos a decir lo que pensamos,  lo que sentimos y defender nuestra posición. 

Justamente esta clase de revelaciones surge muchas veces a través del análisis  psicológico porque uno de los grandes tesoros es el de encontrar nuestra propia posición subjetiva: ésa que nos nombra, esa que fluye en sintonía con la configuración singular de nuestro ser.   Identificar qué pensamos,  qué sentimos,  qué nós gusta y repele independientemente de influencia. Ponerla de manifiesto nos acerca a esa sensación subjetiva de libertad. 

Te aviso que el coraje de ser quien sos no te va a llegar por entrega inmediata,  ni te la trae el destino en el momento indicado ni nada.  Si te vas a conformar con una cáscara linda o aceptable, sin reconocer tu pasión y propia posición, vas a seguir viviendo en piloto automático y que la vida se gaste sola, total es gratis.  Nada más falaz. La careta nunca sale gratis.

Si te animas a ser vos, al principio puede que sea raro, que los otros se revelen y te transmitan incomodidad y desencaje. Pero la ventaja de ser genuino está por encima de estas nimiedades.

Libertad.  Fluidez,  confianza, solidez… Fidelidad a vos 

                                 Lic.  Jesica Valansi. 

  

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Enfrenta tus miedos… 

Partamos de esta base: Si estás leyendo esto es porque sos un ser humano,  si sos un ser humano,  de forma obligada has experimentado varias veces diferentes clases de miedos. Por lo tanto sabes sobre esa sensación de congelamiento, inhibición.  Inseguridad. 

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Soy Jesica Valansi… 

Soy Lic. En psicología egresada de la Universidad de Buenos Aires e hice un posgrado en psicoanálisis (psicólogos y psiquiatras de Buenos Aires) . Trabajé 3 años en el Hospital de agudos Bernardino Rivadavia en donde me formé en el área clínica psicoanalitica como coordinadora de grupos terapéuticos,  familia,  pareja,  adicciones y terapia individual. Con el equipo hemos presentado varios trabajos en jornadas hospitalarias,  y en otras instituciones como APSA( Asociación de Psiquiatras Argentinos) y APA (Asociación psicoanalitica Argentina) entre otros.

 Formé parte del equipo de investigación de ludopatía de APA, junto con el Centro Rácker y colaboradora de publicaciones sobre temática de adicciones. 

Me formé en adicciones colaborando en un centro de rehabilitación ambulatoria basada en neurociencias, durante 5 años.

Durante un año tuve una columna en un programa de la radio “radioarroba” llamada “terapia de parejas”.

Formé parte del equipo de profesionales de la Fundación para la Salud mental, de la Dra. Graciela Peyrù. 

Actualmente como psicóloga clínica en consultorio y embajadora de Argentina de la Fundación Biia Lab,  la plataforma de complemento educativo más importante de Latinoamérica,  como miembro activo,  formadora y conferencista. 

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